Monday, November 30, 2009

Algo tentativo

Algo que había escrito hace un par de años. Es el principio, y está lleno de errores y faltas ortográficas.

Y sin saber bien como, me di cuenta de todo lo que estaba mal. Debió haber sido una de esas mañanas introspectivas de martes, o tal vez de lunes, dependiendo que tan existencialista se sienta uno. O tal vez no importaba el día, sino que era la mañana, y me desperté. Cuando uno batalla en dormirse, batalla mas en despertarse, y cuando se libra la lucha contra la somnolencia, uno sufre de depresiones post-guerra cada que deja de soñar. El nihilismo y la gran depresión para el desayuno.

No es que el mundo de pronto todo estuviera mal, los políticos comenzaran a robar y mentir, las bombas retenidas por un botón fueran liberadas, y el hambre despertara en todos esos pinches países tercermundistas, todo el paquete; no, todo ese pasaba aunque no me diera cuenta. Y tampoco era que todo lo que tuviera que ver conmigo estuviera mal, pero ver todo lo que está mal, que está conmigo, todo de un solo golpe, pues bueno, era suficiente como para levantar el teléfono y avisar en mi trabajo que no voy a ir; que tengo fiebre bubónica, lepra, ébola y gastritis todo en uno. Nos vemos al siguiente día, cuando me sienta menos bíblico.

Si tu cabeza da vueltas, lo mejor que uno puede hacer es hacer que gire hacia el lado opuesto. Desafortunadamente, todavía era muy temprano para empezar a tomar licores fuertes. Un cigarro no es la solución, pero si es un remedio. Siguiendo el protocolo, comencé por el principio, es decir: me salí de la cama y me puse unos pantalones. Lo segundo hubiera sido ponerme una camisa, pero no logre ver de qué serviría. Hasta donde llega mi conocimiento, no hay reglas de etiqueta que mencionen como indecoroso caminar únicamente con pantalones por el departamento de uno estando solamente solo. Como siempre, un paso reglamentario y ahora automático, me asome por la ventana.
¿Por que vivía en el séptimo piso de un complejo departamental si le tenía miedo a las alturas? Me pareció un perfecto ejemplo de cómo buscaba mantenerme constantemente incomodo sin ninguna razón aparente. Llamémosla evidencia numero A. Numero B sería la vez que arrojé mi almohada hacia un grupo de monjas, quedándome sin donde descansar mi cabeza y fallándoles completamente, solo provocando risas por parte de las santísimas transeúntes. Eso fue hace dos años. Nunca compré otra.

De desayunar, como muchas otras mañanas: condimentos. Mi refrigerador se vaciaba de comida perturbantemente rápido; pero mi despensa siempre estaba repleta de condimentos. Alimentos. Condimentos. Todo es cuestión de estética gramatical. Al fin y al cabo, el estomago no nota la diferencia, y el cuerpo se va marchitando no importa que dieta escoja uno. Aunque bueno, supongo que si llevara una mejor costumbre gastronomita, no me vería tan enfermizo.

El refrigerador tenía una enorme lista de pendientes, empezando por víveres por comprar que probablemente nunca serían comprados; la lista solo iba creciendo, alargándose, burlándose de mi incompetencia. Un día de estos la iba a tumbar. Lo abrí por segunda vez para asegurarme que no había comida escondida, y frustrado, cerré la puerta con fuerza sin haber antes cerrado un cajón interno, provocando la destrucción de un bote de mayonesa que cayó al suelo como una bomba. No se iba a limpiar solo, pero no lo iba a limpiar yo tampoco; por lo menos no ahora. Todo se puede arreglar mas tarde.

Ese es otro de mis problemas. Soy la antítesis de proactivo. Me desplome sobre el sillón y encendí otro cigarro. No era la solución, pero vaya que era un remedio. Tenia que despejar mi cabeza.

Desconecte la televisión y el teléfono, jalando el cable fuertemente y arrancándolo de la pared. Sentí gran alivio. Hubiera metido el celular en la licuadora, pero ya lo había intentado una vez, y termine sin celular y sin licuadora, y mi licuadora era muy importante para mi.

Si el mundo quería comunicarse conmigo, tendría que derribar mi puerta a golpes. Yo por mi parte resguardaba mi fortaleza desde el sillón.

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